La explosión
Raro es que no sucediera antes. Muy raro porque me estaba tentando. Me jode el primer día que llegó aquí. Y ni una palabra en su contra, porque es Dios, y nadie osa ir en su contra. Que me joda yo. Y me jodí. Pero no me sigas jodiendo. No lo hagas. No te voy a dejar. Vale que estés en casa de nuestra abuela de 83 años hasta las 3 de la mañana sabiendo que ella no descansa si no lo deja todo a su manera. Vale que llames a nuestro padre porque a ti te ha dado por viajar a Italia (con su dinero, btw) con la nueva novia, que prefiero no conocer mucho, no sea que intuya que no vais a durar. Pero no lo hagas a las 12 de la noche. Podría haber ido a Gerona mucho antes pero te empeñaste, como siempre en joder al personal hasta el último momento.
Alex Prager
Alex Prager es un joven fotógrafo nacido en Los Angeles en 1979 que cuenta historias que parecen sacadas de tu película favorita de Hitchcock. Viendolas, parece que te introduces en la secuencia dramática ya que captura el momento exacto de la intriga. Fotografías coloristas con mucha fuerza e impacto visual.
Liquid Image

Liquid Image es unas gafas de submarinismo con una cámara incorporada que te permite grabar fotos y vídeos debajo del agua. Se comercialliza en dos versiones de 3 y 5 Megapixel que almacena las imágenes a través de una tarjeta Micro SD o de la memoria interna de 16 MB ¿? y está disponible por un precio de 99 dólares. Lo que no inventen estos japos… Via
El jardín secreto
Aquel niño de apenas cuatro años solía escaparse de la burbuja protectora de la casa de sus abuelos para ir caminando solo hasta el pie de aquel viejo Roble. Aquel era su rincón secreto, solía abrazarse al tronco y pasarse horas escuchando el pulso de la vida del árbol. En muchas ocasiones, permanecía tanto tiempo inmóvil, que podía contemplar cómo otros animales se cobijaban también en la sombra protectora y vital del viejo árbol. Tarde o temprano acababa escuchando los gritos de su abuela, preocupada por la ausencia de su nieto, y el hechizo se rompía. El árbol dejaba de latir y sus animales compañeros, volvían a ver en él, al pequeñuelo humano que siempre temían.
Pasaban los años y el niño crecía, pero su jardín secreto seguía siendo su lugar preferido.
Roberto intentó en varias ocasiones compartir aquel lugar con sus dos íntimos amigos, pero ellos nunca experimentaron la magia que se producía bajo la copa de aquel árbol. Eso para Roberto era inexplicable, pues parecía que él era el único en percibir la vitalidad del lugar. Al final sus amigos dejaron de acudir a aquel lugar, si Roberto les hubiera preguntado, ellos le contestarían aquel lugar les provocaba escalofríos, se sentían como profanadores, sucios, rechazados por fuerzas que desconocían y que no tenían intención de descubrir. Así que, de nuevo, se vio obligado a disfrutar de su rincón en soledad.
Años más tarde, Roberto, hecho ya un mocetón, conoció a Rebeca en las fiestas de un pueblo cercano. A los pocos meses empezaron a ser algo más que amigos y Roberto llevó a Rebeca a visitar a su amigo el Roble. Tenía la vaga esperanza de que se obrase el milagro, pero nada extraordinario sucedió. Al cabo de 3 años, se casaron y tuvieron hijos y los años pasaron. Roberto seguía visitando su Roble, seguía abrazándose a él, como cuando era niño, y seguía sintiendo las mismas emociones. Un otoño llevó a sus dos hijos al lugar a recoger unas bellotas para plantar cerca de casa. Ese fue el último otoño que Roberto se paseó por allí…
Hoy Rebeca lleva una pequeña vasija entre sus manos. Perece mentira que toda una vida quepa en un recipiente tan pequeño. Sin rumbo aparente, Rebeca toma el camino que tantas veces vio tomar a su marido, adentrándose en el bosque. Finalmente llega a un lugar que cree haber visitado hace muchos años. Recuerda que Roberto había insistido mucho en ir a aquel sitio. Lo notaba nervioso. También recuerda la cara interrogante de su fallecido marido y la decepción que se reflejaba en su rostro cuando volvieron a casa. En esos momentos, siente la necesidad de arrojar las cenizas al pie de aquel árbol. Le parece una locura, pero en un acto reflejo las arroja al viento. De pronto, una insólita luz parece acariciarlo todo, oye la música de la naturaleza y de forma irreflexiva se abraza al árbol y comienza a llorar…
La senda del bosque que conducía al jardín secreto nunca quedó ahogada por la maleza pues una mujer acompañada de dos niños la recorre casi todos los días.
Mantener la línea
Acabo de hacerle una visita a la secretaria del jefe, italiana de nacimiento, que está en piso de arriba, y me la acabo de encontrar ¡comiendo!. Son las 11:40 y ella tenía su tupper ya casi vacío. Le comenté sorprendida, que si ya tenía hambre tan temprano (vale, por estas tierras es corriente el comer a las 12 o a la 1, pero ¿a las 11:30?
-Ah, nada, estoy acostumbrada. Siempre como a esta hora.
Fotografías deseadas.
Una esquina de la Avenida Greenwich de Nueva York, tres personajes, halcones nocturnos, la luz del interior se refleja en la acera para hacerles saber que allí no hay nadie salvo ellos, dueños de un espacio que desprecian acogiéndose al resguardo de aquel restaurante, de un café caliente y de una comida breve. Y allí consumen los últimos minutos de un día que para la mayoría ha terminado. Cabizbajos reconocen que la misma ciudad que les regala el señorío de unas calles que desdeñan, es la que les proporciona aquel extraño sentimiento de soledad acompañada.
Sin hablar y sin querer hacerlo, dejan pasar los minutos hasta que ya sea demasiado tarde para obviar una rendición al sueño.
Deseé ser otro búho, pasear por las calles con su permiso, permanecer en aquella esquina con mi Speed Graphic, sabiendo que conocían mi presencia, sabiendo que no existía nada que pudiera turbarles en aquel momento, dejándome retratar la soledad de aquella enorme y despiadada ciudad.
(Unas semanas antes los japoneses habían atacado Pearl Harbor contaminándolo todo de decepción y tristeza.)
P.D. Es curioso que la fotografía que siempre querré hacer, sea la propuesta de una
magnífica pintura.
Esta misma semana, hace un año.

Breve reseña de lo acontecido en Zentolos en esta misma semana del pasado año.
Nuevo diseño en HacheMuda: gran estreno con premio al primer comentario
Efectivamente, este es un post que anuncia un cambio gordo en el diseño de HacheMuda pero sin embargo todo está igual que estaba. Eso es porque todavía no se ha llevado a cabo el cambio, lo haré en algún momento de las próximas horas. No puedo decir si será esta tarde, esta noche o (como mucho) mañana por la mañana.
Para celebrarlo voy a hacer una especie de concurso que va a consistir en premiar al primer comentario que se haga en el blog con el nuevo diseño activo. Por ello, el primer usuario que ponga un comentario a cualquier post que haya en el blog y que contenga el texto “¡Eh, qué guapo te ha quedado el nuevo diseño!” y que se envíe una vez que se haya realizado el cambio al nuevo diseño, recibirá gratuitamente en su casa….
¡¡un broche artesanal del coco de HacheMuda!!
Andrés Calamaro hablando claro y contundente sobre las descargas de música
Leyendo Menéame me he encontrado otra entrevista a Andrés Calamaro en la que el brillante compositor habla sobre el tema de la piratería y las descargas de música en internet. Soy un fanático total de este tipo desde aquellos Rodríguez, y también desde aquella Alta suciedad que me dejó marcado para siempre, pasando por su Honestidad Brutal y la posterior decepción del Salmoncillo y su excepcional recuperación con sus últimos trabajos… Como buen genio es excéntrico y singular, decepcionante en varias etapas de su vida y en otras se muestra capaz de ponerle música a los mejores momentos de nuestra vida.
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Black Sheep, con el fondo musical de Sheep de Pink Floyd.
Creo haber visto el poster de la película neozelandesa Black Sheep hace algun tiempo, pero así también lo olvidé. La película es sobre ovejas que se convierten en asesinas gracias a una sustancia química que dejan suelta en el campo.
Con el magnífico fondo musical de Sheep de Pink Floyd, un video resumen de la película, que ahora ya quiero ver sin importarme qué tanto factor B tenga.









